Notas a una pasión sin prólogo
Amo la paradoja
de todo lo que vive:
Si la hora me borra,
la neblina me escribe.
Alberto Blanco
Dentro de una paradoja que corporiza a la asusencia, Junto al delirio, de Sonia Jiménez, se erige, sin proemios, como una firme escultura, dentro de la cual arde una hoguera. Es el deseo. El amor pasional, inconcluso. El espectro del amante ausente, corporizado y tornado presencia gracias a las palabras que, a detalle, lo describen y lo nombran. El amado impresente se convierte en presencia cercana por el delirio de la voz poética que lo vuelve cuerpo vibrante (lejos-dentro) de su propio cuerpo.
A partir de esa contradicción resuelta a través de la poesía, Sonia Jiménez se expresa libre con versos precisos, claros, contundentes como bloques de mármol. Se dejan caer las imágenes que constituyen la poética de la autora, en una musicalidad que percute en instantáneas vitales, como los latidos del corazón.
La autora de Junto al delirio nos habla del amante deseado y del desencanto progresivo de la voz deseante. Nos desvela con crudeza el proceso de un amor tormentoso, afincado en el deseo sexual, que no logra consolidarse. Se queda, inconcluso, en el anhelo, la imposibilidad y la renuncia, dentro de un devenir irreversible, donde lo vivido es herida y el poema, cicatriz. Canta la poeta: Tiempo en el que estuvimos a tiempo y no quisimos/Tiempo en que no pudimos/Tiempo de perder el tiempo con otros/Tiempo de olvidar/Tiempo para darte cuenta de lo insignificante que somos/Tiempo que nunca será nuestro tiempo.
En la poeta que aquí nos convoca hay una pulcra precisión en su manera de versificar. Muy experimental y contemporánea. Prescinde de la puntuación, pues es la contundente cesura de los versos (su respiración al “hablarnos” sobre este asunto) la que establece el sentido de su pensamiento en cada poema y ese respirar se agita al interior del lector, como una hoguera acrecentada, dentro de la cual nos coloca sin darnos tregua.
Leer este poemario entrecorta la respiración. Es el aliento de los amantes en un rito que no es, sino delirio. Una pérdida de la razón en el éxtasis del deseo. Es en el territorio de la distancia, en la ausencia del amado, donde se torna posible la concreción de un erotismo que sólo es nombrado en la añoranza. Cito a Sonia Jiménez: toco tus espacios intangibles y mis manos se deleitan/los temores se esconden/el calor contenido permanece inmóvil/en todos los versos de todas las obras/en la reencarnación de letras que mueren en palabras/los relojes se carcomen por la ausencia de ausencia/te derrites en mis dedos mientras la vida se fuga/y yo sigo desnuda/y el tiempo aún nos mata.
En la ebriedad del amor pasional, platónico, espectral, la voz poética se multiplica en un juego de espejos que habita aquí y allá la página de papel y su creciente desasosiego la lleva a plantearse: me asusta pensar que puedas no existir.
Más que a la presencia, es a la ausencia a la que le canta: (…) porque sobre tus muslos no están los míos/porque entre mis piernas llevo/pierdo/maldigo/y nos quemamos/siempre lejos.
Sonia Jiménez es bailarina de ballet. También es coreógrafa. Sus poemas sobre danza aparecen compilados en el libro Ellas le cantan a la danza, donde sobre ella he dicho: “eleva una voz poética temperamental y honesta. Apasionada, rompe la imagen arquetípica de la femme fragile que se tiene, aún en nuestros días, de la bailarina clásica. El amor desencantado le duele a su poesía que arranca palabras a dentelladas”.
En su primer poemario individual, Junto al delirio, se erige como una voz propia, auténtica y firme dentro de la joven lírica mexicana. Sin ser tampoco una femme fatale, habla con franqueza, sin velos ni titubeos, sobre el torrente emocional corporizado en cada uno de sus versos.
Patricia Camacho Quintos
